martes, 8 de diciembre de 2015

DOS 13 DE ANGUCIANA Y UN RELATO DE ANA FLORO SANZ

El número 13 de mi casa. Ana Floro Sanz

Aquel nº 13 no pensaba bajarse nunca de encima de la puerta principal, donde mis padres lo colocaron, como paso inmediato a vivir en aquella casa en la que todos nacimos y vivimos hasta nuestra independencia personal.

Todos los ladrillos de alrededor, yacían hechos añicos en el suelo, pero él, el nº 13 seguía allí. Todo esto lo pensaba mientras recogía el colgador de las llaves, que cayó al

suelo acto seguido de que el aire empujara la puerta con gran estrépito. Una de las llaves

causaba en mi cierto desasosiego, de ella colgaba una etiqueta que decía nº13.

Años venciendo la tentación de cogerla y salir corriendo, olvidarme de esa voz que bajito

me susurraba (deja todo como esta, no despiertes viejos fantasmas).

Sin pensarlo mas salí apresuradamente, crucé la plaza, de manera furtiva, miré el reloj del campanario, dispongo de una hora .

Parada en el dintel de la puerta, apretaba la llave en mi mano su tacto era áspero y frío,

un hilo de herrumbre se deslizaba por el orificio de la cerradura. Necesitaba una fuerza ajena que elevara mi mano e introdujera la llave, esta chirrío y la puerta cedió, al hacerlo la casa exhaló una nube de polvo.

Poco a poco me fui adentrando en ella. La casa con sus silencios y volutas de polvo parecía envolverme. Abría las ventanas, pasaba las manos por los muebles, la cama, las

fotos, cada estancia me recordaba momentos de mi vida, felices unos, otros, no tanto. Deseé atraparlos todos, disfrutar de los buenos, buscar el porque de los malos.

Al abrir puertas y cajones fui liberando mis invisibles ataduras con los momentos penosos

de mi pasado.

Las perchas vacías en los armarios, indicaban que ya no había nadie, ni nada, pero creo que colgadas en ellas aun están las fragancias de los cuerpos que esas ropas vistieron,

que doblaron, que acariciaron,

Después de recorrer varias veces la casa (es pequeña, modesta ,situada a las afueras)

descubro que mis miedos eran infundados, que lejos de despertar viejos fantasmas, he

despertado yo..He aceptado, que lo que pasó, pasó.

El egoísmo, el desamor, la incomprensión, se apoderó de nosotros, nos manejó a su

antojo nos dejo heridas difíciles de curar. Cerrando la puerta de nuestro corazón, como

la de una casa abandonada las heridas no cicatrizan.

Todos mis recelos desaparecieron. Cerré ventanas, cogí la llave, su tacto ahora me

pareció cálido. Cerré la puerta de la casa, pero abrí la de mi alma, no estaba

dispuesta a que aquellos sucesos cerraran en mi la esperanza de una reconciliación

con todo, con todos y en especial conmigo misma.

Solo había andado arios pasos, un ruido me hizo volver la cabeza; el nº13 yacía hecho

añicos en el suelo.

Ya sin el lastre de la ida, volví a cruzar la plaza, el reloj del campanario tañía las doce

de la mañana. El Ángel del Señor anuncio a........

Puertas número trece del pueblo de Anguciana

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